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Candombe de vanguardia de la mano de Alejandro Luzardo y La CandomberaEl arreglador de Yambo Kenia y La Candombera graba en Montevideo un disco único, con sabor a Jazz y a músicas del mundo, que busca difundir la magia del chico, repique y piano.

Hay discos que están hechos de canciones y hay discos, como este, que están hechos de música. A bailar candombe de Alejandro Luzardo y La Candombera es el esfuerzo compartido de más de 25 músicos que grabaron, unos en Barcelona y otros en Montevideo, los doce temas que lo componen. 
El disco se sostiene de principio a fin y pasa por varios estilos sin despeinarse.  La base de chico, piano y repique sostiene con brillantez  al resto de los instrumentos y justifica plenamente el rótulo de candombe, pero ya no de fusión, si no de vanguardia. 
Luzardo, autor de toda la música, letras y arreglos, se muestra como un músico muy completo, de alto poder creativo y excelente instrumentista con la guitarra. Es  capaz de transitar de las escalas imposibles del jazz, a la golosa salsa, la conga, el bolero o una  bossa íntima con guitarra española, y gusta siempre. 
Las canciones pasan del ritmo más entusiasta al arreglo absolutamente romántico donde, con ecos de Carlos Santana, Luzardo solea a gusto con distorsión y sonido Gibson.
Pero es la polifónica música la que termina  abarcándolo todo, imponiéndose por encima del virtuosismo de Luzardo y de colaboradores como Hugo Fattoruso, Urbano Moráes, Nicolás Arnicho o Fernando “Lobo” Nuñez. 
Temas como Bicicleta, Rambla Sur o Al oído logran un clima delicado y sensual, nostálgico a veces. Descarga en la esquina o “Tafiés”, La fiesta de mi gente,  levantan de la silla a cualquiera con su base caribeña y su saxo tenor y trompeta jugueteando sobre una salsa candombera.
El cover de Last of The Mo-Ricans es jazz de alto nivel estético, como también Con carozón, con nivel de primer mundo, y solos de toda la banda dando lo mejor de sí.  Los contrapuntos, presentes durante todo el disco, muestran la calidad de estos  músicos.
Hay momentos del disco en que Luzardo llega a sonar como Pat Metheny. Sobretodo cuando toca la guitarra eléctrica casi en el vacío, apoyado a veces solo por un bajo lento y meloso, o por un delicado repiquetear de la cuerda de tambores, que lo acompaña casi como una llovizna.
Las letras son también un hallazgo. Recitadas a veces, cantadas otras, colorean todo el disco y le agregan profundidad por lo que cuentan. 
Luzardo ha dicho que su ilusión es seguir difundiendo el candombe por todas partes del mundo. Su música, preciosísima, de alto valor agregado y exquisita factura, sin duda hace pensar que así será.
Tomado de http://www.elobservador.com.uy 






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